Thornton Reigns (2003-2008)

A portrait is a portrait, not my portrait

 

“Je est un autre”.

Arthur Rimbaud, en Lettres du Voyant

 

 

“La posibilidad del placer es la cuestión”.

Jacques Derrida, en La verdad en pintura

 

 

         La pintura contemporánea se establece como una suerte de ejercicio representacional de un modelo ausente o ficticio, por tanto, de una suerte de simulacro de realidad donde lo esencial no es el referente concreto, sino la idea que hay detrás de la obra: el concepto. Ya lo dijo Leonardo hace muchos siglos en su Tratado de pintura: “la pittura è cosa mentale”. Sin dudas el arte como concepto, o el arte como idea es un hecho que vino a cambiar los medios y modos de representación visual de estos últimos cien años, llegando a producirse en algunos casos, la total desaparición de la figuración y/o de la materialidad de la obra de arte, su sustitución y/o introducción de palabras, poemas, etc. Esa es una de las claves que nos permite mirar sospechosamente las pinturas y tratar de dilucidar cuál es el verdadero mensaje oculto tras ellas. Pero esta develación le corresponde al artista, ya que es el único que puede hablar de la esencia de su obra. La escritura –por mi parte-, es otro simulacro, en este caso verbal, que trata de revelar los velos y poner en contexto aquello que se cierne sobre nosotros en cuanto espectadores.

        La pintura muchas veces se hace cargo de una situación que se tensiona en un juego de ida y vuelta: Presentar es poner en evidencia algo que se instala frente a nosotros. Representar es aludir a algo de manera diferida, mediatizada, en tanto ausencia. La exposición “Hi!”, es parte de la serie “Thornton reigns” (1), donde tenemos pinturas que nos presentan un rostro muy similar al de nuestro artista, quien como muchos otros maestros del auto-retrato recurre a su modelo más próximo: él mismo. Sin embargo, Thornton no le da mayor importancia a este hecho, por lo que me arriesgo a postular que se trataría de un “doppelgänger” del artista, es decir, esa mitad siniestra, esa alteridad que no es el “uno” sino más bien el “otro” (2). Por otro lado, resulta singular esta suerte de obsesión romántica que nos lleva a esta “creación” (3) del doble: pienso en Doctor Jekyll y Mr. Hyde, Frankenstein e incluso el mismo Drácula. Esto mismo lo vemos claramente en la literatura argentina en el caso de Borges, Cortázar, Pizarnik, Piglia, entre otros. Esa categórica declaración de Rimbaud –quizás tan definitiva como la de Flaubert cuando declaró: “Madame Bovary c’est moi”-, nos habla de esa sensación de extrañeza que vive al interior del artista, en la que conviven por una parte la propia condición humana, y por otro lado, esa condición de “médium” de las que nos hablaron Platón, Rimbaud, Heidegger, entre otros. El artista es un iluminado que transmite a los hombres, los mensajes de los dioses, es decir, ponen a nuestra disposición esa realidad metafísica y atemporal, que en muchos casos está dada a través de la belleza y lo sublime. Por eso no es una extrañeza esta imagen del doble.

 

“El arte no reproduce lo visible, sino que hace lo visible”.

Paul Klee

 

       Ahora bien, si nos remitimos a los elementos visuales, hay una serie de hechos que tampoco son accidentales: encontramos algunos calces con ciertos detalles pictóricos o gráficos de Mondrian, Lichtenstein, Basquiat, Cucchi, Macchi... además, de una clara cercanía con dos de los Young British Artists: Damien Hirst y Peter Davies.  Esto tampoco pareciera ser un accidente, ya que si nos fijamos bien en los títulos de las obras, y en el apellido de nuestro artista, son ingleses... es quizás en esto donde radica la mayor  trasgresión de Thornton: usar políticamente su imagen asociada a la lengua del imperio. Lo que se evidencia ejemplarmente en una obra como “Manifiesto” (4), que no es otra cosa sino una declaración de principios semi-anarquista del artista. Ya que el artista es un hombre pensante, lúdico, poético, político, etc. y por tanto, no puede dejar de tener una posición crítica contra el sistema, o lo que es igual, contra ciertas políticas culturales, medio-ambientales, de experimentación genética, etc.

       Finalmente, creo que existe una gran ironía al usar el retrato casi de manera publicitaria (casi como un contrapunto a Savon de corps de Nicola Costantino), lo que de algún modo se convierte en una vuelta de mano hacia Aristóteles, quien deja a los artistas fuera de la República, mientras que Thornton no sólo hace un ingreso paródico a la política, sino que ejerce su poder desde dentro de la polis al pasar de la presentación a la representación, del uno al otro, del espacio privado al espacio público, de lo particular a lo múltiple, de lo poético a lo político. Muy bien lo dijo Fernando Pessoa: “O poeta é um fingidor”, y es ahí donde radica la verdadera esencia de lo artístico, una ficción que nos deleita porque sabemos que no es real.

 

 

Sergio González Valenzuela

Santiago de Chile, Junio 2007.

 

 

 

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