Forever (2008)

Alejandro Thornton – Paula Pellejero

 

 

El neurótico sigue instalado en las territorialidades residuales de nuestra sociedad, y toda las vuelca sobre Edipo como última territorialidad que se reconstituye en el gabinete del analista, sobre el cuerpo lleno del psicoanalista (sí, el patrón, es el padre, y también el jefe del Estado, y usted también, doctor...). El perverso es el que abraza el artificio a la palabra: usted quiere, usted tendrá, territorialidades infinitamente más artificiales que las que la sociedad nos propone, nuevas familias por completo artificiales, sociedades secretas y lunares.

 

Deleuze-Guattari, El Anti-Edipo

 

 

Sentado, carcomido, artificial, mi carne metálica se herrumbra a la sombra de estos muros roídos por la blancura de las lámparas eléctricas, y sin embargo, jamás he de perder la esperanza de poder pensar, más allá de mí mismo y de mi origen.

 

Ricardo Piglia, Respiración Artificial

 

 

 

            La primera tentación al acercarse a la obra conjunta de Thornton y Pellejero (o deberíamos hablar de «los Thornton», según un hábito extendido y sedimentado en nuestra sociedad), la primera tentación, digo, sería ver en ella una nueva manifestación, una manifestación más de la pequeña, de la sucia novelita familiar. Sublimación de deseos reprimidos o resolución de conflictos latentes, los dibujos vendrían a trazar, sobre un plano imaginario, el esquema posible de una compensación ideal o idealizada.

            Tal es el riego de toda producción autobiográfica: la reducción o el repliegue de toda solución creativa a un simulacro de la vida particular. Riesgo que tal vez dependa de un problema más general; en los términos de la crítica marxista de la cultura, en efecto, ese problema es el de la posibilidad de que una obra exceda las condiciones materiales en las que tiene lugar.

            Pero Thornton y Pellejero no hacen psicoanálisis ni mucho menos economía política (aunque muy posiblemente pudiésemos rastrear en sus dibujos una política del oikos, una política del agenciamiento o del amontonamiento familiar). De lo que se trata es menos de contar una historia que de producir, al nivel de la expresión, las herramientas o las armas para operar sobre ese territorio paradojal donde conjugan sus vidas para elevarlas a la segunda, a la tercera, a la cuarta, a la enésima potencia. Trabajo de lo otro sobre lo otro, el resultado es menos el reconocimiento de una identidad que la proliferación de las diferencias.

            Quien busque en «Forever», por tanto, una consagración de sus rituales privados, la caución artística de sus neurosis, como si de una pequeña (y exótica) tierra colonial se tratase, será redondamente desengañado. Pero si lo que anhela son tierras vírgenes, sociedades secretas, familias siempre más artificiales, las verá esbozarse e instituirse en las obras de Thornton y Pellejero, como  a lo largo de esos muros que en la superficie de la noche abren el espacio ritual para la perversión.

 

Eduardo Pellejero

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